Corría el 2010 cuando un grupo de acólitos del patinaje familiar dominical pensó que el mundo de las ocho ruedas daba para más, y ese más era el hockey. Nace La Pachanga, y para no complicarnos la vida y hacer gala de nuestra grandeza la llamamos La Gran Pachanga (a partir de ahora LGP). El amigo Charly de forma altruista lo convierte en logo aportando un muñequito cayendo que ha ido recuperando la compostura y dignidad hasta la práctica verticalidad que luce en la actualidad.

 

Ya con logo, nombre y gente, nuestro recién autoproclamado "Presi" pide palos, pista y bolas al Club para iniciarnos en tan bello y noble deporte. Y como plus a nuestra osada iniciativa, nos regalan un argentino loco de calcetines agujereados cuyo concepto de la enseñanza consistía en lanzarnos una bola para que corriéramos tras ella cual galgos tras liebre. Gracias a Dios duró poco y nadie resultó herido. Por esos tiempos éramos entre seis y ocho personas en el primer y segundo tiempo, y tres en el tercero.

 

Tras el abandono del pirado de la tierra de Maradona, se inicia una dura disputa para cubrir la vacante de entrenador, siendo elegido por unanimidad Erick gracias a su tesón para enseñarnos que las gomas delanteras y los giros bruscos son frenos más eficaces que las sufridas vallas laterales. El tercer tiempo se institucionaliza y tras varias prospecciones se decide por unanimidad que El Alardos es nuestro descanso del guerrero y la cachimba de El Pelos nuestra pipa de la paz. Se abre un grupo de facebook y rápidamente se convierte en el canal de comunicación del grupo tanto de temas eminentemente deportivos como de guarrerías varias. Buscamos uniformación sin cortes publicitarios, rechazando la generosa oferta del director general de Cocinas Polo, y así entre bolas, Ericks, cachimbas y braviolis pasa el primer año...

 

El segundo año de LGP el grupo está consolidado. Ya con un nivel de juego equiparable a la nueva verticalidad del logo, dominando el arte de frenar, del coger el palo con las dos manos e iniciándonos en el ataque y defensa en cuadro, nuestro amado presi nos lanza a una liga con distintos equipos locales que respondía al rimbombante nombre de Liga (no oficia) de Superseniors. Tras un perezoso inicio perdiendo la práctica totalidad de los encuentros, remontamos cual ave fénix de las cenizas de la cachimba, quedando segundos en la clasificación general. Para dar rigor a este descocado contubernio de pachangeros, se crean unos estatutos que sirvan como guía moral y espiritual a tan insigne grupo de superseniors. Además, se introducen las alitas como dieta obligatoria del tercer tiempo, y el guasap como canal de compartición de información, reflexión, experiencias y guarrerías.

 

Tras un merecido periodo estival que prolonga la convivencia del grupo más allá de las fronteras de Alcorcón, iniciamos el tercer año de LGP con dos objetivos claros; incrementar el personal femenino, e institucionalizar el cuarto tiempo, hitos que estamos superando con éxito cualitativa o cuantitativamente. Y en eso estamos ahora, en disfrutar el doble con la mitad sin olvidar el espíritu originario de LGP; un grupo de personas pasándoselo bien. Este es el espíritu, esta es LGP, porque lo importante no es caer, es saberse levantar con una sonrisa...

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